2. Mariposa, dinero.
- 1 mar 2017
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Esta es la historia de varios amores. No son infidelidades, ni tríos ni cuartetos, sino amores varios que alguna vez se reunieron. A Mara le encantan las mariposas, para ella son el símbolo perfecto de lo que debería ser el ser humano; hermoso, libre, independiente, fuerte y a la vez frágil, liviano, única en su inmensa variedad.
El hecho de que algo tan profundamente bello nazca de algo tan feo y casi asqueroso es lo que más le fascinó siempre. Por eso, un día decidió que viviría de las mariposas. ¿Qué mejor que hacer dinero con lo que siempre has amado, qué mejor trabajo que uno que ofrezca alegrías sin límites? ¿No es acaso ese el sueño de todos los hombres, trabajar en algo que disfruten? Pues Mara lo iba a hacer. Necesitó invertir mucho dinero como en cualquier buen negocio. Las mariposas necesitan muchas atenciones y unas condiciones muy específicas para reproducirse en cautiverio.
Las mariposas de Mara pronto se convirtieron en una fuente que parecía no se agotaría nunca. Las mariposas volaban en sus estanques-peceras y Mara ganaba mucho dinero con ellas. También le producían mucho regocijo, cuando se cansaba del mundo se detenía a admirarlas a través de los vidrios. Ver a una mariposa monarca luchando por salir de su crisálida era su espectáculo preferido.
Venían de todas partes del país para admirar y comprar sus especies tan bien criadas. Un día, una niña se quedó contemplando todo el espacio de venta de Mara y sin saber que ella era la dueña comenzó a hablar:
-Los adultos son unos seres muy extraños.
-¿Sí, por qué dices eso? Fíjate que un día te convertirás en uno de nosotros.
La niña miró a Mara con desconcierto.
-Ojalá ese día no llegara nunca.
-¿Por qué, tan terribles somos?
-¿Te gustan las mariposas?
Mara respondió con el pecho lleno de orgullo.
-¡Claro que me gustan! Yo soy la dueña de este lugar.
-Ya, pues quizá esto que te voy a decir no te guste. Pero ya estoy acostumbrada a ser regañada por los adultos a los que no les gusta escuchar la verdad. Eres una abusadora y en realidad, no te gustan las mariposas.
Mara soltó una carcajada mientras con la mirada comenzó a buscar por el establecimiento a los padres de aquella muchachita malcriada.
-Adoro a las mariposas, pequeña, he pasado una buena parte de mi vida construyendo esto que tienes delante, gasté todos mis ahorros y el de mis padres.
-Me da pena por todo ese dinero y por tus pobres padres. ¿Ellos te autorizaron a hacer una cárcel de mariposas? Perdona, pero si te gustaran las mariposas irías a un parque a observarlas. Yo adoro a las mariposas, por eso jamás las encerraría en peceras como tú haces.
Y así, como si no hubiera dicho ni media palabra, sin esperar ningún tipo de respuesta, se fue con sus padres. Mara no pudo pronunciar palabra alguna, ni ese día ni por las próximas dos semanas. Dejó de comer, de atender a los posibles compradores, de alimentar a las orugas. Solo podía pensar en las palabras de la niña. No entendía cómo se le podían colar tan adentro las cosas que le había dicho. El negocio empezó a decaer y las mariposas ya no le daban dinero ni alegría.
Hasta un día, como mismo se le había ocurrido abrir el negocio, invertir; se le ocurrió que la única forma de recobrar su felicidad era haciéndole caso a la pequeña. Dejaría en libertad a todas las mariposas. Ese martes, el cielo se llenó de Vanesas de los Cardos, mariposas Alas de Pájaro, Tigres, Ulises. Parecía un arcoiris de risa lleno de todos los colores de las especies de Mara.
La niña tenía razón, (los niños siempre la tienen), hasta ese día Mara no había sido tan feliz en la vida. La libertad es una de las cosas más hermosas y valiosas de la existencia.



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